La pesadilla de un amor rígido y meticuloso
Entonces, si alguien te propone un amor escrupuloso, exacto, tacaño, inflexible, estricto, moralista, formal, probo, regulado, estructurado y organizado, escapa. Es difícil vérselas con un «super yo» enamorado y no dejarse llevar por la rigidez mental y afectiva que los caracteriza. Además de su alto poder de convencimiento, la cultura los exalta al fijar modelos ejemplares.
En las sociedades desarrolladas, las personas obsesivas son admiradas por su disciplina, el respeto a la autoridad y su ilimitada capacidad de trabajo. La mayoría de los empresarios aceptan con gusto que estos sujetos formen parte de su equipo de trabajo, aunque no suelen ocupar cargos directivos muy elevados. La razón es que la gente obsesiva, aunque muestre ciertas ventajas en la ejecución de tareas concretas, tienen serias dificultades para delegar, tomar decisiones y establecer prioridades, aspectos imprescindibles para cualquier ejecutivo ágil y de alto perfil. Por eso, en las presidencias y vicepresidencias de las grandes empresas es más común encontrarse con la arrogancia del narcisista que con la pulcritud del perfeccionista extremo.
La propuesta afectiva del obsesivo se estructura sobre la base de tres esquemas castigadores y limitantes:
Te equivocas demasiado (crítica-inculpación);
De ahora en adelante, yo tomaré las riendas (responsabilidad ilimitada), y
Debo mantener mis emociones bajo control (constricción emocional).
En otras palabras: subestimación, golpe de Estado y escasez de ternura. Muy difícil de aceptar para una mente relativamente cuerda.
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