Inhibición defensiva: Si te doy amor, te aprovecharás de mí
Como dijimoss: «enamorado del enemigo». ¿Habrá mayor paradoja para un paranoide? Entrar en una relación afectiva implica bajar las defensas y dejar que el otro penetre nuestras barreras, «entregarse», significa quitarse las máscaras y mostrarse libremente como uno es. Pues bien, para alguien que posea un estilo paranoide-vigilante lo anterior es visto como un acto de traición a sí mismo, una forma infame de suicidio psicológico. Amor malicioso y escéptico: «Te amo con reservas y dudas, con prudencia y recato, te amo a la defensiva y a la retaguardia». ¿Será un buen amor si los
requisitos son tantos y tan mezquinos? Una mujer rasgos paranoides decía: «Yo nunca me abro totalmente a los demás... No voy a correr el riesgo de nue alguien me conozca de verdad, ¡de ninguna manera...! Más bien muestro lo que me conviene y hago lo posible para no enamorarme, porque sé que si me enamoro, me ablando y quedo a merced del otro para que termine aprovechándose de mí...». Amor en estado de guerra y listo para el contraataque. Disimular lo que se siente, contenerlo, aminorarlo para que nadie pueda penetrar en el bunker personal: eso no es amor, sino planificación estratégica. Lo curioso es que esta mujer se lamentaba de su soledad. Para alguien así, cualquier relación estable es poco menos que encerrarse en un cuarto con Hannibal Lecter.
En cierta ocasión un hombre confesó la razón de su «continencia afectiva»: «La verdad, lo hago a propósito... Aunque la quiero mucho, prefiero dosificarle el cariño para que no se aproveche de la relación... Así me marcha bien y la tengo bajo control...». Cuando le respondieron que una relación así era dañina para ambos y muy difícil de llevar, expresó de inmediato su desacuerdo: «Pues ella no se ha traumatizado y no nos hemos separado... No veo el problema...». La prevención en estos casos ofende. Si mi pareja creyera que yo pretendo aprovecharme de su amor en algún sentido, le pediría que cambiara o no podría seguir con ella.
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