¿Hasta dónde negociar?
Pensamos que con estas personas hay cosas que negociar, porque su estructura mental no está dirigida a menospreciar ni socavar al otro. Se llega a la falta de respeto por exceso y no por defecto, por baja autoestima y no por arrogancia. Además, el amor ya existe en grandes cantidades, más bien hay que aprender a dosificarlo. Si bien es cierto que no podemos decirle a alguien que nos ame menos, sí podemos pedirle que regule sus expresiones de afecto y sus emociones asociadas. Un paciente, casado con una mujer histriónica,
comentaba: «Creo que he avanzado mucho con ella. Ya respeta más mis momentos y la veo más controlada... pero mi sensación es como si estuviera educando a una niña pequeña... Creo que apenas la estoy descubriendo...». Y es así. Algunos se decepcionan y no tienen paciencia, otros terminan enamorándose más. ¿Qué podríamos negociar? Por ejemplo, redefinir los espacios personales, crear momentos de racionalidad, tratar de resolver los problemas de la vida cotidiana de manera consensuada, reevaluar la seducción, aprender a discriminar cuándo y dónde es propicio ser el centro de atención, rescatar la soledad como un derecho de ambos, darle un nuevo significado al sexo, desarrollar aficiones o actividades individuales que permitan canalizar la capacidad creativa del histriónico (teatro, pintura, baile, moda) y hacer a un lado el pensamiento simplista y superficial para ir desarrollando poco a poco cierto interés por temas más profundos y complejos. Todo esto requiere esfuerzo, ganas y, en ocasiones, ayuda profesional. Tú decides.
<<< Volver al índice de Amores peligrosos

