¿Hasta dónde negociar?
Para establecer aproximaciones constructivas con el obsesivo hay que buscar el camino del medio: ni entrega ni provocación, más bien acuerdos racionales y terapia especializada. La ventaja en estos casos, a diferencia de lo que ocurre por ejemplo con los narcisistas y los antisociales, es que el individuo obsesivo-compulsivo sufre bastante con su manera de ser y eso los motiva a solicitar ayuda profesional. En nuestra experiencia hemos visto mejorías considerables en casos no tan graves, sobre todo si el obsesivo ama mucho a su pareja y no quiere perderla. Recordemos que aquí la alteración no radica en que no haya amor o capacidad de amar, sino en las exigencias irracionales que tratan de imponer. Por ejemplo, su poca expresión de afecto está más relacionada con un exagerado autocontrol emocional que con el desamor en sí. Entonces, si hay buena disposición, poco a poco un terapeuta podría flexibilizar las exigencias perfeccionistas del paciente y proponerle una nueva visión del mundo, mientras que a la par le irá enseñando técnicas de manejo de la ansiedad y estrategias de resolución de problemas, entre otras. Obviamente nunca tendrás una pareja con la chispa del sujeto histriónico ni el desorden de los extrovertidos, pero muy posiblemente se pueda agregar algo de emotividad a la razón pura que los caracteriza y ablandar su rigidez mental.
Si la necesidad por mantener el orden y la avaricia ceden y la expresión de afecto mejora, es posible que con paciencia se pueda recomponer la relación. Una mujer resumía las mejorías de su esposo después de casi un año de terapia: «Sin duda ha cambiado mucho, ya aceptó repartir mejor los gastos, ya no revisa si la casa está sucia ni se dedica a ordenar cosas. Se ha vuelto menos moralista y más flexible con los horarios... En fin, la relación está mejor... Pero hay dos cosas que le faltan todavía: reírse más y que podamos hacer el amor de otra manera...». Cuando se le preguntó de «qué manera», respondió: «No es que yo quiera cosas raras, pero me gustaría que no lo hiciéramos siempre en el mismo lugar, en la misma posición, el mismo día y a la misma hora...». En una cita posterior, cuando se le comentó lo que su mujer quería, el hombre me expresó que esos puntos no eran negociables, ya que sin esos requisitos no podía tener erecciones ni alcanzar el orgasmo. Detrás de este bloqueo se escondía un curioso ritual y un sinnúmero de señales de seguridad que sólo le permitían funcionar de esa forma. Sin embargo, con el tiempo y bastante esfuerzo de su parte, consiguió ensayar otras posiciones y cambiar las fechas, pero la hora y el lugar fueron inamovibles. Cada uno evalúa hasta dónde llega y qué está dispuesto a entregar. Todos los psicólogos recomiendan que la dignidad y la autoestima nunca deben ser negociadas, porque hasta el amor tiene límites. Tú decides.
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