Amores peligrosos

carta astral tarot videncia horoscopos
Mujer, belleza y salud

¿Hasta dónde negociar?

Amar y no ser amado, dar y no recibir, ser manipulado y sentirse un objeto, son inaceptables si no queremos ser víctimas de un amor enfermizo. Cualquier cosa que afecte nuestra integridad física o psicológica debería quedar fuera de una relación. ¿Y si el amor es mucho? No se trata de cantidad, sino de calidad. No importa cuánto te amen, sino cómo lo hagan. Un amor no recíproco es injusto, aunque tu pareja no pueda vivir sin ti y te necesite como al agua.
¿Puntos medios? No es tan sencillo, a veces nos quedamos en un limbo afectivo sin saber qué hacer. Una paciente, después de que su marido pasara por una terapia de año y medio para modificar su estilo afectivo narcisista, decía: «Debo reconocer que ha habido mejoría... Ahora me manipula menos, no exige tanta pleitesía y admiración como antes... Ya no es tan indiferente y reconoce algunos de sus errores cuando está de buen humor... Pero yo me pregunto si debo resignarme a tener una pareja "más o menos". No es precisamente lo que quería para mi vida... La verdad es que la convivencia con él todavía sigue siendo complicada y por momentos la soberbia le sale por los poros... Hace esfuerzos, pero ahora soy yo la del problema, porque no sé si soy capaz de estar con alguien así... Quiero un amor completo o no quiero nada...». ¿Intolerancia? No, más bien cansancio, toma de conciencia y determinación de límites. La claridad afectiva que dan los años y el sufrimiento. Para algunos, la relación con una persona «mininarcisista» o «subnarcisista»» o «seminarcisista» es llevadera y soportable, para otros, definitivamente, no. Un narcisista leve, evidentemente, no genera tanto daño como uno moderado o severo, e inclusive su pareja puede llegar a acoplarse a sus exigencias sin sufrir traumas severos. La pregunta es si con eso basta. Si es suficiente tener una vida llevadera y «aguantable» a una vida buena y satisfactoria, no necesariamente ideal ni perfecta. Un hombre joven, casado hacía un año, expresaba lo siguiente: «Un psiquiatra me dijo que ella era una «seminarcisista» y que si yo la amaba de verdad tenía que aceptar su manera de ser... El hombre insistió en que con una «narcisista total» me hubiera ido peor... Pero, ¿peor que qué? ¿Qué diferencia hay entre estar a la sombra de una mujer que se siente Dios o estar a la sombra de una que se cree un semidiós...? ¡De todos modos voy a estar por debajo! ¡De todos modos voy a sufrir!..». Tener una pareja narcisista implica un esfuerzo para mantener el «yo» a flote y no dejarse hundir por la arrogancia del otro. No podemos descartar el hecho de que la mente saca callos, al igual que el cuerpo, y con ayuda del autoengaño podemos ver luz donde hay oscuridad. Algunos optimistas asumen el papel de «reeducadores emocionales», tratando de descentrar al narcisista y reacomodar su ego. No somos tan optimista, pero tú decides.


<<< Volver al índice de Amores peligrosos