Amores peligrosos

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Mujer, belleza y salud

Fatalismo afectivo: El pasado te condena

Un joven vivía angustiado por el pasado afectivo de su pareja. Su mente no concebía que ella hubiera tenido algunos pretendientes y un novio antes que él. En su búsqueda insaciable y casi masoquista por saberlo todo, el hombre esculcaba más de la cuenta. Sus preguntas eran inquisitorias: «¿Lo besabas?»; «¿te dejabas tocar?»; «¿usabas faldas cortas?»; «¿eras feliz?»; «¿cómo te besaba, con lengua o sólo por encima?»; «¿le agarrabas el pene?», y cosas por el estilo. Por su parte, la mujer le contaba todo con lujo de detalles, creyendo que con eso el hombre se tranquilizaría. Pero el efecto era exactamente el contrario: cada relato era como echarle gasolina a una fogata encendida. Éste es un extracto de una conversación que tuvo su terapeuta con él:
TERAPEUTA: ¿Por qué te pones tan ansioso por algo que ocurrió antes de conocerla?
PACIENTE: Me desespera pensar que ella disfrutó sin mí... No lo acepto...
TERAPEUTA: ¿Te refieres a lo sexual o también a lo afectivo?
PACIENTE: ¡A todo! ¡Quiso a otro, fue feliz con él, lo extrañaba, lo besaba, disfrutó! ¿No se da cuenta de lo que eso significa?
TERAPEUTA: Me parece que ella se comportó como lo haría cualquier mujer... No veo nada preocupante...
PACIENTE: ¡Se besuqueaba con ese idiota de novio que tenía!
TERAPEUTA: Bueno, pero eso lo hacen los novios de todo el mundo...
PACIENTE: Yo hubiera preferido una mujer de las de antes y ser el único en su vida.
TERAPEUTA: En realidad eres el último... Ella te es fiel y te ama hoy, ¿no es suficiente?
PACIENTE: ¡Ya me engañó!
TERAPEUTA: No entiendo...
PACIENTE: Me traicionó desde que tenía dieciséis años, desde que estuvo con su primer hombre...
TERAPEUTA: ¡Pero tú no existías en su vida! ¡No te conocía!
PACIENTE: No importa, pero lo hizo...
No hubo poder humano ni terapéutico que le hiciera cambiar de parecer. No fue capaz de modificar el esquema que daba origen a sus celos, y finalmente la relación se rompió con un gran costo emocional para él y especialmente para ella, que después de tanto análisis retrospectivo terminó sintiéndose culpable de su «oscuro» pasado. Celos regresivos, exclusividad radical y hacia atrás, incluso antes de existir. ¿Habrá mayor sentido de posesión, una forma de resentimiento más anacrónica e irracional? El estilo paranoide se regodea en la memoria de eventos negativos, extrae conclusiones absurdas y luego censura sin piedad. Para la gente muy celosa y rencorosa, el tiempo no limpia las heridas, las exacerba y las mantiene abiertas.

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