Estrategias de supervivencia afectiva
Ante semejante panorama, las personas recurren a dos formas básicas de afrontamiento: ser cuidadores con-iescendientes y adoptar al otro, o bien iniciar un lovimiento contrainsurgente. En la primera, la estrategia es claramente masoquista o inspirada en algún tipo de entrega espiritual, y en la segunda, a favor de la guerra: rebelarse contra la rebeldía y reprimir la asonada. Veamos cada una de ellas en detalle y sus consecuencias.
Tomar en adopción al pasivo jagresivo y soportar la ambivalencia afectiva
Para seguir esta estrategia hay que asumir la relación como un noviciado o una misión de carácter casi religioso. Adoptar a la pareja y dedicar la vida a complacerla, sabiendo que nunca quedará satisfecha. La meta estará sustentada en un altruismo radical: buscar la felicidad del otro a costa de la propia (no importa qué haga o qué diga). Los comportamientos más representativos de esta actitud son:
• Aceptar al pasivo-agresivo como es, sin intentar cambiarlo, porque si se sugiere algún cambio la resistencia se incrementará geométricamente.
• Tratar de ver sólo lo positivo y no tener en cuenta lo malo, al ritmo que el otro sugiera.
• Adaptarse a la pasividad de tu pareja y bajar los estándares personales de rendimiento, como una forma de complementarse.
• Estar dispuesto o dispuesta a cualquier tipo de sacrificio.
• No esperar nada a cambio.
• Dar todas las explicaciones que el pasivo-agresivo requiera para justificar cada comportamiento o pensamiento personal.
• Estar siempre disponible para sus reclamos y necesidades.
• Tener claro que la agresión encubierta es su forma de expresarse.
• Es mejor concederles todos sus deseos para evitar enfados, pataletas o actos de sabotaje.
Adaptación total y sin condiciones. Si lo haces, el pasivo-agresivo podrá moverse a su antojo entre los polos de su ambivalencia afectiva. ¿Lo harías por amor? ¿Te adaptarías a él o a ella en los puntos propuestos? Esta posición de línea blanda tiene un costo inevitable: tu fuerza interior se irá quebrando lentamente. Algún día querrás algo de paz y amor a cambio, y ver que tu pareja madura y se vuelve previsible. Estas expectativas estarán latentes y recorrerán tu inconsciente, creando violencia interior y malestar a medida que el tiempo pase, aunque no te des cuenta.
Iniciar un movimiento contrainsurgente y exigir del pasivo- agresivo una relación madura
Los que eligen esta estrategia de línea dura no están dispuestos a dejarse manipular por la ambivalencia del amor subversivo y exigirán una solución al conflicto de base y a los problemas de la vida cotidiana. Aunque la posición fuerte apunta a construir una relación honesta y democrática, la consecuencia inicial será que el pasivo-agresivo incremente sus actos subversivos y sus tácticas perturbadoras; el amor será cada día más opositor y podría llevar a una ruptura definitiva. La estructura mental del pasivo-agresivo confunde la conducta normal de defender los derechos o decir «no» con la imposición y el autoritarismo. Por lo tanto, tu estrategia contrainsurgente será interpretada como una confirmación de que eres un ser despótico y absolutista.
Si la estrategia llegara a ser exitosa podrían pasar dos cosas: que gracias al miedo a perderte acepte una ayuda psicológica o que prime su deseo de libertad y se retire con indignación a buscar a alguien menos «controlador» y «problemático». En el primer caso estaría bajo la lupa de un profesional y en el segundo te habrá tocado la lotería.
Los siguientes son algunos de los comportamientos que definen esta actitud:
• No desgastarse en convencer al otro en cosas obvias. Con seguridad tu pareja pasivo-agresiva comprende perfectamente tus razones, lo que pasa es que «no quiere» hacerlo. El diálogo debe surgir como una forma natural de acercamiento.
• No delegar a la pareja actividades que uno pueda llevar a cabo por sí mismo. ¿Por qué todavía esperas la resurrección del ser amado? Lázaro no se levantará de su tumba ni la princesa despertará gracias a un beso enamorado. Ya sabes cómo es
él o ella, así que hazte cargo tú personalmente, puede que te cueste más tiempo y esfuerzo, pero al menos no estarás rogando ayuda y veracidad.
• No responder a las provocaciones típicas pasivo-agresivas, como la lentitud, el incumplimiento o la inculpación. Cuando el estilo subversivo se manifieste, no le prestes atención, deja que no encuentre adversario. La meta es que no te afecten sus estrategias y que tu pareja se dé cuenta.
• Es mejor no entrar en el juego de la doble ambivalencia del pasivo-agresivo. ¿Crees que alguien aguantaría semejante confusión sin estresarse? Deja que él o ella se haga cargo de su conflicto.
• Intenta que acepte una terapia dirigida a modificar su personalidad disfuncional. Ojo: no estoy diciendo que sea una condición para seguir, sino una actitud benevolente de inducir a alguien a mejorar su salud mental.
• La mejor manera de afrontar a un pasivo-agresivo es la asertividad: defender los propios derechos sin violar los ajenos (en mi libro Cuestión de dignidad explico esto en profundidad). No caer en la trampa de las actitudes indirectas y saboteadoras, sino actuar de frente, tranquilamente y con honestidad, aunque el problema se agrave.
• No te sientas el padre o a la madre de tu pareja, deja que crezca. No asumas tú la culpa por sus errores, trátala como a un ser adulto, aunque se lleve berrinches.
¿Eres capaz de elegir la línea dura y asumir los costos arriba mencionados? Esta estrategia no es «cruel», sólo busca una relación más normal y saludable. No olvides que el pasivo-agresivo tiene más de un misil psicológico apuntando a tu cabeza. Si prefieres, puedes acompañar los comportamientos mencionados con una explicación amigable y tierna, pero el efecto será el mismo: tu liberación será su tragedia, porque perderá el control y la protección. Dicho de otra forma, si decides quitarte la culpa inútil de encima y despejar tu futuro, el pasivo-agresivo entrará irremediablemente en crisis. Extraña paradoja: tu felicidad será su tristeza.
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