Amores peligrosos

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Mujer, belleza y salud

Estilo pasivo - agresivo

Cómo habría sido Gandhi en el papel de esposo, porque si aplicó a su relación afectiva los mismos métodos de desobediencia social que utilizó para vencer a los británicos (¡nada más ni nada menos que a los británicos!), me compadezco de quien fue su mujer. Estar vinculado a una persona pasivo-agresiva es tener un movimiento de resistencia civil en casa: sabotaje, insurrección (no armada, sino «amada»), lentitud desesperante, incumplimiento de los compromisos e indolencia, todo junto e imprevisible. Amor ambivalente, desconcertante y conflictivo: ni tan cerca ni tan lejos, amor a media máquina, inconcluso, tardío, adormilado. Amor resentido y dependiente a la vez.
Mónica es una mujer casada con un hombre pasivo-agresivo. Está desesperada porque vive en una casa a medio terminar, ya que su marido, ingeniero y director de obra, nunca culminó el proyecto. Desde hace tres años, el hombre promete una y otra vez completar los arreglos, pero todo sigue igual. Los baños están sin inodoros, la cocina no tiene grifos, los cables y los tubos cuelgan. En fin, para Mónica es una pesadilla tener que depender de su esposo, ya que el hombre no mueve un dedo para que el lugar sea más habitable. Él argumenta que Mónica es muy fuerte y «mandona», y que a él no le gusta hacer las cosas por obligación. Afirma que tiene su ritmo de trabajo y que ella debe respetarlo. El marido ha cambiado diecisiete veces de empleo en cinco años, y da como razón que sus jefes no saben valorarlo. Ella ha intentado ayudarlo de todas las maneras posibles, sin buenos resultados. En una cita, resumió así su problema de pareja: «Me confunde... En ocasiones es tierno y querido, pero en otras le veo el resentimiento en la mirada y simplemente no me hace caso... No sabe qué hacer conmigo, ni yo sé qué hacer con él... Una vez me dijo que si yo fuera menos autoritaria, él funcionaría mejor... Pero le juro que lo he intentado: no le digo nada, no le reclamo nada, y es peor... La vida sexual no es buena porque sufre de impotencia... Puede sonar raro, pero yo siento que cuando no tiene erecciones de alguna manera lo disfruta... Es como si quisiera sacarme de mis casillas y castigarme... La semana pasada no pagó a tiempo la factura y nos cortaron la luz. Cuando se le preguntó qué había pasado, dijo con toda la tranquilidad del mundo que no había tenido tiempo... ¡Es insoportable vivir con una persona así, tan insegura, tan insensible y poco fiable...! He pensando en dejarlo, pero en cuanto se lo sugiero, llora como un niño, me pide perdón y está bien una semana, pero; después vuelve a lo mismo...».
¿Cómo sobrevivir a semejante vaivén y agresión encubierta? Nada justifica la tortura emocional. El esposo de Mónica juega dos papeles opuestos a la vez: depende de ella y se resiste a ella. La pregunta que surge es evidente: ¿es posible tener una convivencia apacible con alguien que te necesita y te rechaza al mismo tiempo?
El conflicto con la autoridad, real o percibida, es una de las características principales del amor subversivo. Una paciente con características pasivo-agresivas tenía por costumbre llevarle la contraria a su madre porque, según ella, era una mujer autoritaria. El día la paciente se graduó en medicina, después de once años de estudios, la familia organizó una reunión para festejar el acontecimiento. Pero ocurrió algo inesperado. En cuanto llegó el primer invitado, la agasajada salió furtivamente por una ventana y se fue a un parque a tomar cerveza toda la noche. La policía la encontró al otro día dormida bajo un árbol. Cuando le preguntaron por qué había hecho semejante desplante, se limitó a contestar: «¡No entiendo a qué viene tanto escándalo por querer tomarme unas cervezas!».
La conducta huidiza, evitativa y provocadora de los sujetos pasivo-agresivos va transformando el amor en irritación y frustración crecientes. Ames cuanto ames, el sujeto pasivo-agresivo será un conspirador de la relación y a la vez incapaz de renunciar a ella.


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