Despreocupación - comodidad: Necesito que me dejen libre para hacer lo que yo quiera
El esquema de despreocupación-comodidad amorosa se caracteriza por cierta indolencia hacia la pareja y un mínimo espíritu de sacrificio. Se fundamenta en la creencia irracional de que las relaciones afectivas no requieren de ninguna, o en todo caso, poca obligación. La premisa infantil y cómoda es: «Quiero mantener una relación sin esfuerzo y sin complicaciones de ningún tipo».
Al comienzo de la conquista, la «defensa de la independencia» y el conformismo del pasivo-agresivo pueden llegar a ser muy atractivos para alguien con un esquema de despreocupación-comodidad (sobre todo porque las motivaciones son similares), sin embargo, con el tiempo la persona pasivo-agresiva empezará a exigir protección y cuidados especiales, lo cual hará que el encantador «dejar hacer» inicial (lo que indujo y mantuvo la unión afectiva) se desvanezca como por arte de magia. De príncipe a sapo: el sinsabor de un encantamiento al revés.
Un adolescente, cuya motivación era liberarse del yugo de su casa y del mundo, hablaba de su nueva conquista: «Esta mujer está hecha para mí, es fresca y no le importa nada... Lo pasamos genial, todo le da igual y no se mete con nadie... Es como yo, no hace nada que no quiera hacer... Me encanta su independencia, aunque tiene problemas con sus padres porque es muy mala estudiante y siempre les lleva la contraria... Nos parecemos mucho y hay una buena sintonía...». Mentes líquidas, vidas líquidas, amor líquido, diría el sociólogo Sigmund Bauman. Todo se evapora en un instante cuando el amor no posee algunos soportes sólidos que lo determinen. ¿Cuáles? Un compromiso inteligente y equilibrado, incluir al otro sin autoritarismo y sin bombas incendiarias.
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