Amores peligrosos

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Cuando la persona pasivo-agresiva eres tú

Mientras tu personalidad siga siendo pasivo-agresiva serás una persona afectivamente difícil. Para poder complacerte, tu pareja debería acoplarse a tu ambivalencia y marchar al ritmo de tus contradicciones. Sin embargo, sabes muy bien que no importa lo que haga, siempre estará condenada: si es cariñosa, interpretarás ese cariño como limitante, y si es independiente, la odiarás porque te priva de la protección que necesitas. Tienes un serio problema con los modelos de autoridad, cuyo origen podría explicarse por algunas malas experiencias tempranas. Por ejemplo:
• Padres erráticos, inconsistentes e indescifrables en el afecto, que produjeron en ti una ambigüedad interior y te hicieron perder la confianza básica que necesita cualquier niño para enfrentarse al mundo.
• Haber recibido información contradictoria de padres que te mostraban una cosa y decían otra, lo que te obligó a manejar una estrategia de acercamiento-evitación para adaptarte a sus estados de ánimo.
• Rivalidad con tus hermanos y hermanas, en el sentido de que la llegada de un nuevo miembro a la familia pudo haber generado un cambio brusco de los sentimientos de seguridad que tenías respecto a tus padres por el otro nacimiento.
• Haber sido víctima de alguna figura de autoridad que te explotaba o restringía, a la cual amabas.
Es importante no confundir autoridad con autoritarismo. Fromm hacia una diferenciación interesante entre autoridad racional (legítima, genuina) y autoridad irracional (autoritarismo). Respecto de la primera decía: «La autoridad racional no solamente permite sino que requiere de constantes escrutinios y críticas por parte de los individuos a ella sujetos; es siempre de carácter temporal y la aceptación depende de su funcionamiento». Sobre el despotismo de la autoridad irracional afirmaba: «Tal sistema no se basa en la razón y en la sabiduría, sino en el temor a la autoridad y en el sentimiento de debilidad y dependencia del sujeto». Así que una cosa es el control insolente, la dominación y el abuso de poder, y otra muy distinta dar opiniones sustentadas, ser asertivo, tomar la iniciativa pensado en el bien de la pareja o liderar un proceso útil para la familia. Todo puede ser consensuado, hasta los desacuerdos, si se hace amigablemente. Pero si tuvieras razón y la persona que amas es alguien con delirios dictatoriales o déspota, ¿no sería mejor alejarse a estar anclado de mala gana a una relación?
No es fácil seguirte en el amor. No es que no seas querible, lo difícil es soportar tu falta de determinación, tu inmadurez, tu ambigüedad. Debes tener presente que el cansancio mata el amor, y el malestar que hoy le produces a tu pareja terminará afectándote. Está claro que necesitas ayuda profesional; suspende tus tácticas subversivas, que no parecen las más convenientes para nadie, y déjate aconsejar. Ningún profesional te llevará a negociar con tus principios ni a someterte al control del otro. Lo que hará es enseñarte a discriminar cuándo se justifica oponerse y cuándo no, dónde está el autoritario y dónde está el amigo. Aprenderás a ser asertivo y a expresar tus emociones y pensamientos de una manera adecuada. Y entonces no te hará falta el terrorismo afectivo, porque ya no estarás fluctuando entre el deseo del apego y el miedo al abuso.


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