Cuando la persona paranoica-vigilante eres tú
Quizá tengas razón al pensar que vivimos en un mundo peligroso y debemos estar alerta. Pero creo que exageras cuando consideras que estás en un mundo «totalmente» caníbal, porque también hay gente buena. Un avance importante sería que pudieras comprender el punto de vista de los demás y aproximarte a ellos sin tantas prevenciones. No digo que bajes totalmente la guardia, al menos al principio, sino que les des a los demás una oportunidad. Estás atrapado en un círculo vicioso que funciona de la siguiente manera: si eres hostil con alguien porque anticipas que te tratará mal, la persona se protegerá de tu hostilidad siendo agresiva, y eso confirmará tu profecía. La creencia de fondo que regula tu desconfianza se verá fortalecida una y otra vez. Por eso te sugiero que controles tus prevenciones y veas si en realidad la gente es tan mala como dices. Insisto: no estás viviendo en un campo de batalla, pon a prueba tus hipótesis.
Algo similar ocurre con la infidelidad: las personas desconfiadas, al volverse acosadoras, empujan a sus parejas a caer en los brazos de alguien más sosegado y respetuoso. No puedes pensar que la persona que amas es fiel porque le has asignado un guardaespaldas o no la dejas salir ni a la esquina. Corre el riesgo,
¿no es mejor saber con quién cuentas? La fidelidad es
una cuestión de decisión, de voluntad y obviamente de autocontrol. Mi pregunta es muy sincera: si verdaderamente sientes que no eres capaz de confiar en tu pareja, ¿por qué no la dejas en paz y te alejas?
Si miras hacia atrás es posible que en tu pasado encuentres personas, extrañas o familiares, que te hayan ridiculizado, abusado o vapuleado en algún sentido. Las experiencias de vergüenza, de haber tenido una familia poco fiable o padres que explotaban tus debilidades pudieron haber creado en ti una predisposición a mantenerte alerta y desconfiar de todo el mundo. Si no respetaron tus límites físicos, sexuales o psicológicos, debido al maltrato o la humillación reiterada, tu mente se protegió a sí misma y desarrolló un estado de hipervigilancia que ahora utilizas indiscriminadamente y que te ha alejado afectivamente de tu pareja y tu familia. Temes a las personas, crees que te lastimarán de nuevo y por eso has montado tu logística defensiva. Te sientes frágil. Todo eso es terrible y posiblemente explique tu comportamiento en parte. Y digo «en parte», porque según los expertos en el tema, también existen factores hereditarios y biológicos que podrían haber incidido en la formación de tu personalidad. Mi recomendación es que busques ayuda, no importa lo graves que sean tus síntomas. Sin duda te beneficiarías de las nuevas tecnologías. Y esto que decimos nada tiene que ver con supuestos «lavados cerebrales» ni la colocación de algún chip intracraneal para manipularte. Hablamos de una terapia eficaz y racional que te permitirá ingresar en el mundo social, amigablemente y en paz.
Te guste o no, necesitas entregarte a las buenas intenciones de alguien para realizarte como persona. Necesitas descansar en la confianza ajena para formar parte de la especie. Y con esto no queremos decir que adoptes una postura ingenua, crédula o bobalicona, sino que aprendas a discernir en quién confiar y en quién no. Nadie te pide que tengas fe en el ser humano en abstracto. Simplemente concéntrate en las personas que conoces bien, deja que el conocimiento de los meses o los años que tienes de ellos te lleven de la mano. Si la persona que amas nunca te hizo daño, pudiendo haberlo hecho, ¿por qué no confiar? ¿Por qué no correr el riesgo y aceptar lo peor que podría pasar? No necesitas estar armado hasta los dientes para dar amor y recibirlo. Kipling, haciendo uso de un pragmatismo inteligente, decía: «Prefiero creer que los demás son mejores de lo que son: evita muchas preocupaciones».

