Cuando la persona obsesivo-compulsiva eres tú
Queda claro que si no cambias, las personas que están a tu lado pagarán un costo emocional muy alto debido al estrés que produce tu manera de ser. ¿Cómo quieres tener una buena relación afectiva si limitas y pones bajo observación a la persona que amas como si fuera un experimento? Nadie resiste la dominación y la crítica permanente, ni siquiera tú mismo. La reacción natural al acoso perfeccionista tiene dos posibilidades: irritabilidad o escape.
Si quieres producir tu propia revolución de vida, necesitas reestructurar tus valores y entender que la felicidad nada tiene que ver con la búsqueda de la certeza y el alto rendimiento. ¿Habrá algo más dañino para el amor que la tríada obsesiva? Imperativos coercitivos, reglas irracionales y exactitud desmedida. Lo contrario tranquiliza cualquier relación: espontaneidad, libertad de elección y el derecho a cometer errores sin ser sancionado. Los mejores momentos de la vida son aquellos en los que la mente se apacigua y nos importa muy poco o nada el futuro y el pasado, precisamente allí donde pasas la mayor parte del tiempo. Si tu caso es severo o incluso moderado debes buscar ayuda profesional para darle un vuelco a tu manera de procesar la información: ser más flexible, no magnificar las cosas, generalizar menos y eliminar el miedo a perder el control. Se trata de soltarse. Descontrolarse a veces es saludable, lo cual significa que le des más cabida a la emoción y que aprendas a «perder el tiempo» en el buen sentido. Quizá no sea productivo para tu bolsillo, pero lo será para tu salud mental y para las personas que quieres.
Es posible que en tu pasado hayas estado sometido a una educación punitiva y extremadamente inflexible, donde tus padres hicieron del rendimiento el «buen comportamiento» y del autocontrol una forma de vida. La interiorización de estos patrones estrictos hace que las personas desarrollen miedo a salirse de las normas morales y psicológicas. Exagerar los principios es tan perjudicial como no tenerlos. Otra posibilidad es que hayas estado sometido a modelos sumamente perfeccionistas, reales o imaginados. Dicho de
otra forma: si tu educación estuvo determinada por un culto a la responsabilidad y un rechazo a los impulsos naturales, habrán encapsulado tu personalidad. No te tomes tan en serio a ti mismo o a ti misma: la «solemnidad interpersonal» apaga el amor, la irreverencia juguetona lo reanima.
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