Amores peligrosos

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Cuando la persona narcisista-egocéntrica eres tú


No sabemos si alguna vez habrás intentado seriamente ponerte en el lugar de tu pareja, y tratar de comprender realmente qué siente y piensa. Eso implicaría hacer a un lado el ego para que no estorbe. Si pudieras y quisieras hacerlo, te sentirías más libre y le darías algo de felicidad a la persona que te acompaña. También sentirías el alivio de no pretender ser el centro de atención por un rato. Imagínate: nada que aparentar, no competir, ninguna meta inalcanzable: sólo tu ser al desnudo. ¡Qué sosiego! Te sorprenderías de la cantidad de gente que terminaría aceptándote tal como eres (quizá no seas tan espantoso o espantosa como el inconsciente te recuerda a veces). Debes reconocer que vender una imagen de grandiosidad es bastante agotador y muy poco rentable en términos sociales. La gente no es tan estúpida como para creerse el cuento del «Dios vivo», así que terminarán odiándote. El futuro de un narcisista consecuente es el destierro y el aislamiento, precisamente lo que temes. Piénsalo: si pudieras lograr la admiración que tanto ansias siendo realmente tú, ¿no te gustaría? ¿No sería un triunfo más loable y verdadero?
Preocuparte por los demás no quiere decir que te conviertas en san Francisco de Asís o en santa Clara, pero un toque de humildad no te vendría mal. Cuando algunas personas narcisistas intentan semejante cambio, la gente lo nota inmediatamente, y lo que es más importante, lo valora, porque estás mostrando un lado amable que no conocían. Además, empezarás a sentirte parte del mundo de los mortales, y tu sentido de pertenencia cobrará fuerza. ¿Cómo empezar? Aprendiendo a perder, no saltarte las reglas, no imponer tus puntos de vista, interesarte por el prójimo y admitir que cometes errores. ¿Te imaginas un mundo repleto de narcisistas? ¿Vivirías en él?
Ser humilde es ser consciente de la propia insuficiencia. Deberías practicar esta virtud e incorporarla a tus esquemas. Esto nada tiene que ver con los sentimientos de minusvalía y la baja autoestima, no temas. El humilde no exagera sus dones ni se vanagloria de ello, no los publica, no los reprocha: los vive y los goza sin importarle demasiado la vox populi.
Te preguntarás por qué eres así. Hay muchas posibilidades. Quizá tus padres fueron muy indulgentes contigo, te sobrevaloraron exageradamente o faltó disciplina y control por su parte. También podría haber ocurrido que no te enseñaron a soportar la tolerancia a la frustración y a regular tus emociones. Tu infancia pudo haber estado determinada por modelos que explotaban a las demás personas y aprendiste que la manipulación es la única forma de sobrevivir. Algunos narcisistas generan los estilos que vimos por compensación, debido a que su autoestima es muy pobre, y tratan de equilibrarlo volviéndose demasiado arrogantes. Otro factor a considerar es si fuiste hija o hijo único, y si por lo tanto tus padres te educaron como a un príncipe o una princesa. En fin: los esquemas de grandiosidad se aprenden y cobran fuerza durante el transcurso de la vida, hasta tal punto que a veces es imposible deshacerse de ellos. Sólo un profesional podrá darte los elementos necesarios para salir adelante, y ésa es una responsabilidad que debes asumir si quieres tener una vida normal y que no afecte a los tuyos.

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